Después del 4 de julio: ¿Adiós a las reformas?
Por Víctor Alarcón Olguín
Al margen de los números finales arrojados por la contienda electoral del presente año, el nivel de confianza en el sistema de partidos sale con un saldo muy negativo y el cual nos perjudica a los ciudadanos en su conjunto: asesinatos y desapariciones, campañas negativas, uso discrecional de la ley para sembrar delitos o sacarlos a relucir en plena contienda en caso de que los opositores se pongan incómodos; espionaje, pelea y desconocimiento entre las propias instituciones. Y a lo anterior cabe sumar la descomposición del entorno social con el ascenso del crimen organizado, lo que ciertamente ha venido a convertirse en un problema toral y cuya consecuencia más inmediata sea provocar la caída de los esfuerzos de reforma política abiertos en esta segunda parte del sexenio.
Pero esta no es la única explicación a la que se le pueda achacar todo lo malo que nos pasa. La clase política no ha sabido ni ha querido modificar sus hábitos. El clientelismo no se fue y por el contrario, se mostró renovado y sin disimulo en estas elecciones estatales. Panistas, perredistas y priístas desplegaron lo mejor del repertorio de artilugios y acusaciones mutuas en el uso indebido de los recursos públicos. Las autoridades electorales y penales han acumularon un volumen de trabajo y presiones que incluso provocaron la renuncia de la titular de la FEPADE.
Status quo vs. reformas al Congreso en México
Por Javier Aparicio y Javier Márquez
Entre las diversas iniciativas de refoma política destacan varias propuestas para modificar el sistema electoral y la composición de la Cámara de Diputados en México. Esta figura resume los efectos de cada una de las iniciativas de reforma política de las principales partidos, considerando dos dimensiones de interés en política comparada: el número efectivo de partidos y el índice de desproporcionalidad de Gallagher.
La lección británica
Por Victor Alarcón Olguín
La lección británica ha sido clara. La subsistencia de un sistema mayoritario a una sola vuelta que genera tal nivel de incertidumbre, curiosamente se presenta tan pernicioso como aquel cuya lógica sea fijar umbrales máximos y mínimos previos de votación para acceder al reparto de escaños como el que hay en México. La conformación de un gobierno de coalición entre conservadores y libdems que se comprometerá a iniciar una reforma electoral para introducir un modelo mixto de representación, sin duda es el mejor indicador del agotamiento del modelo clásico Westminster donde el “ganador se lleva todo”.
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